Tras el temblor, el amor
Alberto Lázaro, técnico del área de Comunicación Cristiana de BienesHan pasado más de tres meses desde que, el 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el centro-norte de Venezuela. Las cámaras ya no están siempre encendidas, pero para miles de familias la emergencia no ha terminado.
Lo que dejó el terremoto
Este es el seísmo más dañino que ha vivido el país en más de un siglo. El último informe oficial, del 24 de agosto, menciona que más de 6.500 personas murieron y cientos aún no han sido encontradas. El Banco Mundial calcula los daños físicos directos en casi 19.600 millones de dólares. La Guaira, Distrito Capital, Miranda, Yaracuy, Carabobo, Aragua y Falcón sufrieron lo peor.
La cifra que mejor explica lo que viene es esta: se necesitan casi 25.000 viviendas nuevas, pero solo se han entregado 335. Otros 11.001 edificios siguen siendo considerados de alto riesgo. Hay familias que llevan meses en campamentos o en refugios improvisados, con el problema adicional de las lluvias y el peligro sanitario que traen.
El golpe llegó a un país que ya vivía una emergencia humanitaria desde hace más de una década. Antes del sismo, Naciones Unidas estimaba que 7,9 millones de personas necesitaban ayuda, y más de la mitad de la población vivía en pobreza extrema. Para estas familias, el terremoto fue, en palabras de Cáritas Venezuela, “un golpe sobre heridas ya abiertas».
Lo que está haciendo Cáritas
Cáritas Venezuela ha estado en el terreno desde el primer día. Cuenta con una red de diócesis y parroquias presente en todo el país y más de 8.000 voluntarios trabajando en esta operación. Según su Boletín número 8, con datos al 1 de septiembre:
Se han recibido 23.456 toneladas de ayuda, y 20.321 (el 87 por ciento) ya han llegado a las comunidades.
28.657 familias han recibido un kit completo: 16.755 de alimentos y 11.902 de higiene.
Se han entregado 108.255 unidades de insumos médicos y medicinas.
Son miles de personas que han recibido ayuda, pero también miles de historias que todavía necesitan acompañamiento.
Detrás de esas cifras hay algo que a quienes somos Cáritas nos importa mucho: cada envío de ayuda se puede seguir. Somos una organización que da cuenta de lo que hacemos, incluso de las malas noticias.
La mala noticia: la ayuda disminuye más rápido que la necesidad
Las donaciones han caído de manera preocupante. Al comienzo de septiembre llegaron solo 102 toneladas, el menor volumen de toda la operación. Mientras tanto, el plan de respuesta humanitaria coordinado por Naciones Unidas aún no alcanza ni la mitad de lo solicitado (un 43 por ciento a finales de agosto).
Lo decimos con total claridad: la fase que comienza ahora será más larga, menos visible y más difícil. Es la etapa de reconstruir casas, recuperar medios de vida, atender la salud mental de quienes han perdido todo y apoyar a las familias en el duelo. Además, llega con un nuevo problema: los pronósticos indican que entre octubre y diciembre habrá un episodio de El Niño de intensidad inusual, con sequías, calor extremo y más riesgos sanitarios, sobre poblaciones ya muy afectadas.
Por qué tu ayuda sigue siendo importante
Cáritas Venezuela pide que las donaciones continúen. Las aportaciones económicas son la forma más útil. Permiten comprar lo que se necesita en el momento, apoyan a las familias y estimulan la economía local. Además, no hay que transportar nada a miles de kilómetros. Para tener una idea, según el propio boletín, un kit de alimentos cuesta en promedio 9,49 dólares.
Cada donación se convierte en agua potable, en alimentos, en materiales para reparar casas, en atención médica y en apoyo a quienes quedaron atrás. Nadie debe quedar atrás por vivir lejos o por haber dejado de ser noticia.
Cuando ocurre una catástrofe, la respuesta solidaria suele ser inmediata. Durante los primeros días, las imágenes, las noticias y la magnitud de la tragedia nos movilizan. Pero con el paso de las semanas, la emergencia deja de ocupar titulares.
Para las personas afectadas, sin embargo, la emergencia no termina. Una familia que ha perdido su vivienda necesita mucho más que una ayuda puntual. Quien ha perdido su fuente de ingresos necesita recuperar su medio de vida. Quien vive en un alojamiento temporal necesita condiciones seguras y dignas. Y una comunidad que ha visto dañados sus servicios básicos necesita tiempo y recursos para recuperarse.
Por eso, desde Cáritas queremos hacer llegar un mensaje a quienes nos acompañan habitualmente: vuestra solidaridad sigue siendo necesaria.
Seguir colaborando significa estar junto a las personas afectadas también cuando la noticia deja de aparecer en los medios. Significa ayudar a que la respuesta pueda mantenerse y avanzar desde la emergencia hacia la recuperación.
Cómo ayudar
Números de cuenta únicamente para la emergencia de Venezuela:
- Santander: ES23 0049 1892 6927 1329 3362
- CaixaBank: ES89 2100 5731 7102 0022 7540
- BBVA: ES95 0182 2370 4402 0170 2710
- SABADELL: ES87 0081 5240 0300 0349 2752
Comparte esta campaña con tu familia, tu parroquia y tu entorno.
Cuando el ruido de los medios desaparece, la necesidad sigue ahí. Ahora es cuando más se necesita la ayuda: la que persiste cuando ya nadie mira. Y entre todo lo que necesita reconstruirse, hay algo que no podemos dejar caer: la esperanza.



