El derecho a la alimentación como derecho humano
Si bien en el planeta se producen alimentos suficientes para toda la población mundial, casi mil millones de personas pasan hambre. El problema, por tanto, no es de cantidad, sino de distribución y acceso.
El derecho internacional reconoce la alimentación como un derecho humano fundamental, que protege la posibilidad de cada persona de alimentarse dignamente, ya sea produciendo sus propios alimentos o adquiriéndolos. Este derecho implica la obligación del Estado de garantizar los mecanismos necesarios para que todas las personas puedan ejercerlo, independientemente de su situación económica. En este marco, la inseguridad alimentaria se define como la falta de acceso regular a alimentos seguros y nutritivos, necesarios para un desarrollo normal y una vida activa y saludable.
Según Olivier De Schutter, exrelator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, este derecho consiste en tener acceso, de forma regular, permanente y libre —ya sea mediante producción propia o compra— a una alimentación adecuada y suficiente, tanto en cantidad como en calidad, adaptada a las tradiciones culturales del consumidor, y que garantice una vida digna, libre de angustias.
El derecho a la alimentación adecuada está íntimamente ligado a la dignidad humana y resulta indispensable para el disfrute de otros consagrados en la Carta Internacional de los Derechos Humanos.
Un nuevo modelo de derecho a la alimentación más inclusivo y digno
Tradicionalmente, la respuesta a la necesidad alimentaria se ha basado en el reparto de alimentos en especie. Sin embargo, en Cáritas ahora apostamos, de acuerdo con los principios expuestos anteriormente, por un modelo más inclusivo y digno, que permita a las personas adquirir sus alimentos en comercios habituales, de forma autónoma y sin estigmas.
Este cambio no solo promueve la dignidad de quienes reciben ayuda, al permitirles elegir los productos que consumen según sus gustos, necesidades culturales o condiciones de salud, sino que también favorece la sostenibilidad. Se evita la compra masiva de productos genéricos y su almacenamiento y transporte innecesario, lo que reduce la huella ecológica y permite un uso más eficiente de los recursos.
La entrega de cestas cerradas impedía la elección, limitaba la diversidad nutricional y podía contribuir a la pérdida de autonomía y autoestima. Además, dificultaba el aprendizaje y la gestión de habilidades esenciales como el manejo del dinero y la economía doméstica.
Frente a esta realidad, desde Cáritas La Rioja apostamos por un modelo que no solo proporciona el apoyo económico necesario para acceder a una alimentación sana y saludable, sino que también acompaña a las personas en este proceso. Les ofrecemos formación en economía doméstica, nutrición y estrategias de ahorro en la compra, con el objetivo de que sean protagonistas de su propia economía, fomentando su autonomía y ayudándolas a salir del círculo de la dependencia.
El Estado debe ser el garante del derecho a una alimentación sana y equilibrada, pero mientras los servicios públicos no logren cubrir todas las necesidades, entidades como Cáritas trabajaremos para complementar su acción y asegurar el bienestar de las personas en situación de vulnerabilidad.




