Mucho que ver en Navidad

Carmelo Juárez y Fernando Antoñanzas · Comunicación Cristiana de Bienes

El 7 de noviembre se publicó por la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) una nueva reflexión sobre la pobreza. Un asunto de capital importancia, primero por las implicaciones que tiene para las personas en esa situación, y en segundo lugar para la sociedad en su conjunto por significar un claro problema para el avance hacia una mayor cohesión social.

El informe resalta la proporción de personas que viven en hogares situados en riesgo de pobreza y exclusión (aproximadamente un 20%, esto es 9.670.000 individuos a finales de 2022, según los últimos datos del INE). A pesar de la elevada cifra, representan unos 600.000 menos que en el año anterior. Estas cifras suponen, conforme con la definición del umbral de pobreza aplicada por el INE, que estas personas viven en hogares unipersonales que no alcanzan una renta anual de 10.088 euros o en hogares con dos adultos y dos menores de 14 años con una renta por debajo de 21.185. Estas cantidades corresponden al 60% del ingreso mediano de una unidad de consumo o renta equivalente. La caracterización de las personas por debajo de ese umbral, junto con la marginación social y la ausencia de Seguridad Social son los tres factores del Índice de Vulnerabilidad, que se calcula periódicamente para medir la evolución de la pobreza y resulta referencia clave para medir la evolución de la sociedad y el establecimiento de las políticas sociales. A su vez, la tasa Arope se fija más especialmente en la renta, las posibilidades de consumo y el empleo y supone que en torno a un 26% de la población se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social. Estos indicadores caracterizan la misma situación: la pobreza.

En este caso, Foessa ha anticipado un análisis de estas cifras y las consecuencias que conlleva para las familias. Aparte de señalar que las condiciones de vida dependen obviamente de la diferencia entre ingresos y gastos, ha resaltado que aunque los ingresos han crecido en los últimos años, los gastos lo han hecho en mayor proporción como consecuencia de la inflación. Especialmente aquellos relacionados con la vivienda. Así, para buena parte de las familias en los aledaños del nivel de pobreza, la tensión de sufragar los gastos de mantenimiento del hogar (fundamentalmente la energía, cuyo precio se ha multiplicado por más de dos, amén de los costes del alquiler o hipotecas), deja muy poco margen de maniobra para otra partida básica: la alimentación. En este caso, sus costes también han crecido sustancialmente (más de un 40% de promedio, en los dos últimos años).

Algunas de las soluciones adoptadas por esas familias han consistido en modificar su situación en el entorno de la vivienda, compartiendo pisos o habitaciones, realquilando estancias, etc. Todo lo cual implica una rebaja en la calidad de vida, así como una serie de problemas emocionales, educativos para sus niños y otros de índole diversa.

Foessa propone en su denuncia varias vías de avance, esencialmente dirigidas a mejorar ese entorno de la vivienda para el citado conjunto de hogares (ampliación del parque de viviendas sociales), y otra medidas para fortalecer los ingresos (mejoras en las condiciones de empleo y, en su ausencia, de los sistemas de garantía de ingresos mínimos), ya que sobre los precios de bienes de consumo es muy complicado actuar.

La hoja de ruta está claramente apuntada, solo nos falta seguirla.

 

*Tribuna publicada el 19 de diciembre en Diario La Rioja.