Nadie sin salud. Nadie sin hogar

Pano Holiastos · Responsable de la Comisión de Movilidad
Estoy seguro de que la mayoría de nosotros no tiene la menor idea de lo que significa ser una persona sin hogar. Les hemos llamado “transeúntes” o “sin techo”, y todos les hemos visto, presencias humanas en una plaza, un parque, una estación. Muchas veces les hemos ignorado. Les hemos percibido y nos han incomodado. Nos han incomodado precisamente porque también son reflejos de nuestra sociedad. Pero ante todo son personas, sí, personas con todos sus derechos humanos. Por eso en este Día de las Personas sin Hogar, que se celebra el 24 de noviembre, quiero afirmar que su bienestar es nuestro bienestar y que su salud es nuestra salud como pueblo, como comunidad y como sociedad.

El estigma, la discriminación y exclusión que sufren las personas sin hogar los convierten frente a la sociedad en “personas indignas”. Esta discriminación que soportan les limita el acceso a derechos fundamentales. Ocurre en muchas ocasiones que cuando las personas sin hogar se acercan a centros de salud, a servicios sociales, oficinas de consumidores, juzgados, administraciones en general, para ser atendidos, se les rechaza por su aspecto o forma de comportarse, sin tomar en cuenta la situación personal y social que están sufriendo o de la que son objeto. También a menudo lo hace la sociedad y cada uno de nosotros y de nosotras.

Con frecuencia, se culpa a las personas que carecen de hogar de su situación -“han escogido vivir así”- y se les niega ayuda para respuestas sociales más positivas. Sus situaciones y enfermedades están tan presentes en nuestra realidad, que nos hemos habituado a verlos durmiendo en la calle, hablando solos, padeciendo enfermedades y, de alguna manera, hemos aceptado que no tienen cura, nadie se preocupa por ellos y hemos perdido la sensibilidad hacía su situación. Son invisibles.

Salvaguardar los derechos de las personas sin hogar es vital. Es una necesidad, no un lujo, y no es una cuestión de los “derechos de la mayoría” contra los “derechos de unos pocos”. El cómo un país trata a los más débiles refleja su abordaje de los derechos humanos. Este año, la Campaña Europea para el Fin de Sinhogarismo 2010-2015, un compromiso adquirido por el Parlamento Europeo en 2008, pide especialmente que se garantice un Sistema Nacional de Salud equitativo (universal, gratuito y accesible) con extensión y calidad para todos, nacionales y extranjeros; y una especial sensibilidad en el ámbito de la Salud Mental.

Nos hablan personas sin hogar. Se preguntan que, si la salud es un derecho fundamental para todos los seres humanos, ¿por qué existe tal cantidad de requisitos para acceder a ella? No llegan a entender porqué es necesario cumplir una serie de exigencias para acceder a un derecho fundamental, ¡¡¡pero si son DERECHOS!!!! Sufren innumerables problemas de salud física, psicológica y mental. Necesitan que se les faciliten las cosas, no que se les aparte. No quieren que la atención que se ofrece pase sólo por urgencias, desde ahí no hay seguimiento de un médico especialista, ¿y si necesitan tratamientos específicos?

Quieren hacernos ver que el hecho de que se queden fuera del Sistema Sanitario no es algo aislado, y no les afecta sólo a ellos. El endurecimiento de los requisitos para obtener una tarjeta sanitaria pasa por estar cotizando a la Seguridad Social o haberlo hecho, y como es evidente, depende de tener o haber tenido un trabajo. Según está la situación actual, donde el acceso a un empleo es casi imposible, nadie está libre de quedarse sin tarjeta sanitaria y, por consiguiente, a una atención médica primaria y por supuesto especializada. La situación de crisis, la destrucción de empleo y todo lo malo que está ocurriendo a nivel social, no es culpa de los sin hogar. ¿Por qué las soluciones para esto pasan por perjudicarles a ellos?

Las personas sin hogar no suelen ser noticia de portada. En los medios de comunicación se recogen las agresiones o los fallecimientos de los hombres y mujeres que viven en la calle. Es cierto también que el frío del invierno, la nieve y la lluvia sí consiguen que en alguna página de periódico se dediquen unas líneas a esta realidad que no queremos ver. Lo consiguen porque su situación nos duele como sociedad; porque nos pone frente a un espejo que devuelve la imagen de un mundo injusto y egoísta. Preocupado por solucionar la quiebra económica de multinacionales o de bancos pero ajeno al sufrimiento físico y moral de millones de personas, cientos de miles en nuestro país, que llamamos “personas en situación de exclusión”, “los nadies”, “los invisibles”, “los pobres”…

“Nadie sin salud. Nadie sin hogar”. Treinta mil personas en España no tienen techo propio donde cobijarse, donde construir expectativas, donde calentarse, dormir, soñar, proyectar, curarse de las heridas cotidianas… Un año más reclamamos los derechos a la protección social de los menos protegidos, las personas en situación de mayor exclusión.

¡Nadie sin salud!
y
¡Que nadie duerma en la calle!

 

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